lunes, 25 de abril de 2016

Crónica de Micro Abierto Libertad 8 (248). 19 /04/16

Vamos a tener que celebrar que llevamos casi cinco años viéndonos todos los martes para hacer algo que nos gusta mucho. En nuestros encuentros liberales y formales hemos descubierto que siempre somos distintos. Quizá por eso lo nuestro vaya tan en serio, porque nunca nos aburrimos. Nosotros somos los cantautores. Nos reunimos semanalmente para interpretar canciones que hemos compuesto. Incluso nos vemos días que no son martes. Llevamos cinco años componiendo juntos, aprendiendo unos de otros, haciendo un espectáculo atractivo y emocionante. Para celebrar esta celebración puede que debamos ponernos muy serios. Ya nos contaré, después de la Gala "Talleres pendientes" del lunes, la cual hemos de tomarnos como un reto dadas las fechas que son. Por cierto, esto es la crónica de eso que nos gusta mucho hacer. Durante dos horas celebramos un concierto de aproximadamente veinticuatro canciones. También participan poetas que dan una dimensión escénica a su trabajo literario. Somos gente maja y dedicada. Nos vemos en la sala Libertad Ocho, templo de la canción de autor, casi un conservatorio, para hacer lo que llamamos MAL8 (Micro Abierto Libertad Ocho). El pasado martes 19 de Abril actuamos veinticinco artistas en lo que fue un concierto dinámico y de gran calidad que comenzó con una actuación con alma que marcó el espíritu de esta ¿vicentesimal cuadrgésimo octaba?, de esta 248ª edición . Sergio Sanz comenzó cantando "a la luna (...) tiendo mi alma de reflejos oscuros, a punto de morir...". Acompasado y pop, en pie tras el micrófono, tocando con mesura, cantaba "luna volumptuosa, oscura, efímera...". En esto escuchamos una voz que provenía del público. Antes de poder verla supe que se trataba de Atenea Carbajosa recitando versos que aún no todos llegábamos a entender, pero cuyo sonido resultaba misterioso. Según se acercaba al escenario se fusionaron sus voces cantando y recitando respectivamente hasta el final de la canción. Tras la ovación del numeroso público salió Vidi al escenario. Estaba flipando: "hace mucho que no vengo por aquí", dijo con risa de sorpresa. De hecho algunos no conocíamos la canción que nos cantó, Fotocopias, en la que suceden diferentes situaciones cómicas de oficina, "las quiero en mi mesa a última hora...". Vidi toca de una forma muy particular, canta muy bien y es ingenioso, pronto hará canciones más atrevidas en las que hable de sí. Lo mismo ya las está haciendo y no lo sabemos, porque hacía tiempo que no venía. Es que lo nuestro es así, siempre somos diferentes porque por un lado vamos evolucionando, y por otro lado no siempre somos las mismas personas. El público que acude cada martes puede ver un concierto totalmente distinto cada semana, además no somos muy dados a repetir canciones. Los que llevamos más de doscientas cuarenta ediciones participando, a veces repetimos canción. No es el caso de Osvaldo Lindner, sobre todo porque tiene un repertorio amplio. Nos canta canciones pertenecientes al folclore de la Argentina que dejó hace miles de martes. Esta vez nos hizo una nana de Los Fronterizos dedicada a los hijos de los pescadores del río Paraná. Estas tres primeras actuaciones constatan que se trata de un espectáculo muy variado, cuyo factor común es la entrega a la escena y a la creación. Hay que decir que la siguiente participante, la poeta Isabel San José, salió un poco atónita por las palabras del presentador, que es también el narrador, al abrir el concierto: "este es un micro abierto de cantautores en el que admitimos a poetas que den en escena la magia que buscamos los amantes de las canciones, bla,bla, bla...", palabras para asustar a los nuevos poetas que parecen surtir efecto. Isabel nos regaló la declamación casi de memoria de su primer poema, Olvídame tú, si puedes, en el que quizá irónicamente se disculpa, "perdona mis pensamientos si por ti pierden la calma...", para terminar admitiendo "no puedo olvidarte, no, olvídame tú si puedes". En los cuatro minutos que corresponden a cada artista, le dio tiempo a leernos otro poema, en este caso "en contra de la violencia de género", titulado ¿Para qué la creaste?, en el que cuestiona a un supuesto creador "si creaste a la mujer para ser amada (...), no dejes que sea ultrajada". Escribiendo, escribiendo, escribiendo terminas adquiriendo una línea de pensamiento cada vez más compleja, lo que propicia que los poetas tengan un punto de vista desde el que escribir. En esto que hacemos todos los martes deseamos conocer los mundos propios que ofrecen los artistas que conformamos este organismo dinámico del que han formado parte cientos cantautores.

Venimos por aquí cuando nos apetece, a veces somos asiduos durante un tiempo y luego regresamos esporádicamente, como Pablo Martín, cantautor de voz rotunda y jevi, propia de la música metal, con todos los elementos de ese género. Con la guitarra por debajo de la cintura y actitud decidida nos cantó su canción Mañana, "dedicada a toda esa gente que está sin trabajo y que lo está pasando mal", según dijo para presentarla. El sonido envolvente de Libertad Ocho ayudó a que sintiéramos el grito de los versos de esta canción protesta aunque consoladora: "que algo llegue y se lleve lo que hiere (...), todo se arreglará mañana, si no es mañana, pronto será". Amén. Por cierto, es tradición presentar el espectáculo diciendo "Oremos", porque buscar la letra de una canción dentro de uno mismo, escribirla y decirla a los cuatro vientos, no es otra cosa que orar. Y es que en el Templo de la Canción de Autor siempre están sucediendo cosas trascendentales. El pasado martes Nebreda nos contó una de ellas en un poema titulado Libertad Ocho en el cuenta cómo en una ocasión vio entre el público a alguien que se parecía mucho a alguien... "Hoy te vi, pero no eras tú (...) y volvía recordar cómo era tu mirada cuando mirabas (...), cuando te besaba yo en la frente (...), eso no hay poesía que lo sonría (...), igual eras tú y el que ha cambiado soy yo, tanto que no me reconocías". Esta empática pieza provocó una ovación simpática tras la cual salió a escena Janire para cantarnos una canción surgida en pleno insomnio: "Mamá se va a morir cuando se entere de lo que hace su niña", creo que comenzó diciendo la canción. A Janire hay que escuaharla, hay que verla, tiene algo sumamente atractivo actuando en el escenario de Libertad Ocho como si lo hiciera en un estadio; hace más grande el escenario mientras despliega su intimidad: "te gusta innovar en todo lo que haces, nadie te va a arruinar tus juegos guturales (...), me sabes especial, me piensas especial, me bailas especial, me pones especial (...)" Especial es la palabra adecuada para ella. Aunque eso se lo podríamos aplicar a todos los participantes de algún modo, pues todo intentamos sacar lo mejor y más original de nosotros mismos. Atenea Carbajosa está experimentando sin miedo la forma de poner en escena su poesía, y en su actuación de este martes se acompañó de Segrio Sanz para leernos unos poemas que pertenecerán a una serie titulada Altar. "Me despierta / todo lo que queda por hacer // y la nada acechando / donde el colibrí se rinde", comienza recitando, hasta que en un momento dado Sergio Sanz, en escena con ella, comenzó a hacer latidos de corazón hasta establecer con ella un diálogo poético ante la expectación de un público entregado al que le quedaba aún mucho por disfrutar.

Fernando Bárcena fue el siguiente artista en escena, nos cantó una canción que no habíamos escuchado, Naciste roto, en la que dulcemente explica: "Mira, naciste roto 8...9, si no entiendes lo que digo, lo intentamos de otra manera, nos vestimos de primavera y dibujamos en los cristales, olvidando lo que ha ocurrido, caminando por las ciudades (...)". Fernando Bárcena es un lugar donde estar agusto rodeado de su ternura, su sabiduría, su humildad acogedora. el siguiente fue el narrador, yo mismo, Andrés Sudón. Canté un poema de Andreas musicalizado para el espectáculo que presentamos hace dos semanas en Libertad Ocho. Se trata de primera portal de una serie de poemas-postales titulada Invierno: "(...) Acudiste a su encuentro en un derroche / de pasión por vivir el infinito / y en el vientre de aquel avión tu hijito / te miraba quiesciente, sin reproche", dice uno de los cuartetos de este soneto del que extraje una música ya existente, pues, según yo, los poetas escriben con una música que sólo ellos oyen y transforman en palabras. Los cantautores, como Camilo Crespo, el siguiente participante, puede que hagan lo contrario: cantarnos el mensaje que proviene de la música. Aunque esta vez está claro que no, porque la canción que nos trajo a este MAL8 (248) fue compuesta para el taller "Sin título", en el que teníamos que traer una letra sin música para que al azar la músicalizáramos en pleno escenario, improvisando armonía y melodía. Toda una experiencia. En ese momento no me quedé con nada de la canción, creo que fue un momento crítico de la coordinación y no pude atender a la actuación de Camilo; cuando hay treinta y tres personas apuntadas para actuar, llega un momento en el que la cosa se pone tensa. Fue el momento perfecto para que Andreas leyera su texto titulado Pánico, en el que refleja crudamente esa sensación que puede darse en diferentes situaciones. 

Nosotros no llegamos al pánico, pero nos da mucha pena que artistas que vienen a compartir sus bellas vísceras se queden sin actuar. Eso sí, los nuevos participantes siempre tiene prioridad. En este martes 18 de Abril conocimos a tres personas que nunca habían pasado por aquí. La primera fue Sarya que vino a recitarnos un "poema reivindicativo" en inglés que gustó mucho a los que dominan el idioma. A mí me gustó el carisma que mostró. La segunda participante fue Esmeralda, que compartió su pieza ¿Y si transformo la presión de mi pecho en mariposas?. El tercer nuevo participante fue Banboy, quien nos contó que solamente lleva dos años haciendo canciones y mostró su talento cantando Castillos en la arena.

Aquella noche, después del MAL8 (248) pudimos ver el concierto de Alberto Beltrán, un estupendo cantautor recién llegado a Madrid que sabe muy bien lo que hace. Nos cantó Esa es la cuestión, una "canción existencialista" en la que se clama con su poderosa voz: "Poder cruzar el puente que forman nuestros latidos, prepararnos para formar parte del infinito (...), puedo, puedo verlo, puedo, puedo serlo". He de decir que los que nos quedamos aquella noche disfrutamos de un conciertazo espontáneo, dinámico, taletosísimo. Y es que talento no falta por aquí, estamos rodeados de grandes artistas, como Javier Cuenca, autor exquisito con un mundo literario muy particular, así como una forma de tocar propia con la que el pasado martes nos transportó a La noche de Tánger: "La noche de Tánger como un laberinto de calles enredadas, se asoma el instinto por una ventana con cristal rajado, la chica del velo enciende un cigarro...". Si te dejar llevar sales de la canción con perfumes marroquíes. A continuación actuó el cantautor Pablo Tri con la canción que compuso para el taller "Otoño", ya más asentada, pues los días de taller las canciones suelen estar muy recientes. Muy bien cantada y tocada, muy bien escrita esta canción dedicada a su abuelo: "Arrugas de darse de sí, la carne de trapo, no tiene nada que decir, se enciende un cigarro (...), la memoria gris contempla el pasar de los años". Después la poeta Amely nos recitó su poema Adiós y perdón, que quiso recitar por lo acontecido recientemente en Ecuador: " Mi tiempo de fin llegará muy pronto, lo presiento y lo sé...".

El ambiente cambió por completo cuando salió a escena Marta Plumilla para cantarnos Chuparte un pie, divertidísima canción en la que enumera cosas que le gustan: "Canibalismo, drogas sistemáticas, arroz con bogavante frente al mar (...), enloquecer y disparar a malvadas ardillas, ir por Central Park enseñando mis tetillas; todo esto puede dar mucha adrenalina, pero a mí lo que me pone es chuparte un pie". Regresó la calma con Benja Bravo que nos cantó una de sus bonitas canciones en inglés y después acompañó diestramente con el contrabajo a Mr Mushroom, que también cantó en inglés. La verdad es que cada día me da más rabia no dominar ese idioma, pero tampoco entiendo muy bien cómo alguien puede escribir en un idioma en el que no piensa; me encantaría que me lo explicaran. Después llegó el turno de Vidanauta que trajo otra de sus canciones imposibles, esta vez titulada Cilántropo, un ser que cuando hay luna llena se convierte en Cilantro...: "Cada luna llena se mete en una olla para dar sabor a su propio alimento". siempre nos hace pasar un buen rato.


La poeta Beatriz nos leyó Porqué-de-texto, un poema dedicado, creo, a la menstruación. Le pedí que me lo mandara para explicárnoslo mejor, espero aún no me ha llegado, seguramente lo pondrá en comentarios para deleite de todos. La siguiente fue Kamala con su canción Pídemelo: "hoy es mi día de suerte mirando al cielo por ti, pídeme que te diga que sí, pídeme que te sea fiel (...), pídeme que baile para ti". Un gusto tenerla después de una justificada ausencia. La última actuación de la noche fue la de Cheng Min, que hizo algo que nos gusta mucho, cantar una de sus canciones en chino. Y esto es lo que hacemos los cantautores todos los martes en Libertad Ocho de siete a nueve de la tarde. Si alguna vez te pasas por aquí, verás algo completamente diferente, pero siempre con emoción, entrega y amor por el arte en general. Si tiene curiosidad por conocer las caras de los artistas de los que aquí se habla, podrás encontrarlas en nuestro Twitter @microabiertol8. Y no olvides que estamos a punto de celebrar nuestro quinto aniversario por todo lo alto.

Andrés Sudón

3 comentarios:

  1. Gracias Andrés de nuevo por tu crónica. Para mí fué una maravilla de micro abierto. Como dije al día siguiente, fué una tarde extraña por no decir extraordinaria en el MAL8. Hay gente que arriesga, gente que empieza temerosa en el micro, gente que se siente como en casa (yo mismo) y creo que todos en general nnos empapamos y aprendemos mucho.
    Esta vez las y los poetas me entusiasmaron. Creo que has conseguido lo que pedías: que nos dieran algo más que un poema leido. Fué estupendo. Lo dicho, fué un micro genial. Gracias y un abrazo a todos.

    https://app.box.com/s/gmthlbq75chkztyw091th4haiqd1lu0b

    OLVIDAS (L.C.Crespo Aguirre, 2014.03)

    Cuando el latido se detenga cuando salgas de ese cuerpo
    Y revivas desde el útero hasta el ultimo aliento
    Entenderás que tu eras solo una imagen de ti mismo
    Descubriras que dormias, que soñabas estar vivo
    Y puede ser que te sorprendas
    Al comprender que tus vivencias… no, no, no eran ciertas

    Desde que llegas a la vida hasta la despedida
    Olvidas, olvidas, olvidas
    Altas montañas de alegría, hondos pozos de desdicha
    Olvidas, olvidas, olvidas

    Y resulta ser que olvidas para poder seguir tu vida
    Porque es mas fácil olvidar que perdonar

    Pero todas esas cosas bellas -también las feas-
    Que entierras, que entierras, que entierras
    Aguardan sin que lo sepas en el fondo de tu cabeza
    Esperan, esperan, esperan

    Y aunque te falle la memoria y olvides toda tu historia
    Es difícil de evitar que vuelvan

    Y pueda ser que te sorprendas
    Al volver a enfrentarte a ellas
    Menos escapar puedes intentar lo que sea

    Pero mientras tanto, tú sigue soñando
    Que existes, que existes, que existes
    Porque de nada sirve andarse calentando
    Las meninges, las meninges, las meninges

    Mejor vive y olvida hasta que llegue la partida
    Y para tener un buen final mejor ama la vida...

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  2. ¿A la menstruación, Andrés? Era el PRE-TEXTO en otro contexto, NO SIEMPRE VA SER PARA EVITAR EL SEXO, quien lo haga, y hablar de otras reglas internas, externas... Aquí quedan esos versos, tan calientes como el pasado martes, sin ediciones coherentes, sin mediciones ni meditaciones...
    ¡Exprésense! Ahí va un Alma sin disculpas...

    Antetítulo: POR QUÉ DE-TEXTO
    Título: Aún son y-a (ya) o de qué-evax
    Subtítulo: ¿A qué huelen las nubes?
    Por Fina y Segura

    Me desato de un período putrefacto, sanguinolento,
    Ese que hace más hombre al hombre,
    Y aún menos mujer a quien lo tiene.
    Engaños de conciliación vende también ahora
    Este tiempo de noticias fútiles, inútiles,
    Cañones de opio que envuelven,
    Que embotan, que embustan, que duermen
    Y de no estar a la última (¡siempre llegan, llegan, llegan... nuevas, reiterativas, obsoletas al segundo! Qué cansancio, desperdicio de energía infinito...)
    Te tachan, te excomulgan, te insultan
    Con los labios cerrados, o bien a bocajarro.
    Y es tu connatural ex-centrismo: elegido, integrado,
    Conquistado al Tiempo,
    grado a grado, siglo a siglo,
    el improperio devuelto a tanto mentecato actualizado,
    Colgado, adicto de lo efímero, la noticia, que no es nueva al darse ya, que es pasado, pisado, que no existe y...
    Me desato, te desatas,
    voluntario, voluntaria... de lo intemporal
    Y se acrecienta así la distancia de ese centro,
    Que en ti, en mí, sí hace Justicia,
    y te aplaude, te sopla,
    Te empuja hacia delante, y cómoda,
    En los márgenes te columpias,
    Requiebras en los bordes,
    Y fonambulista de las líneas,
    bailas con soltura,
    Al compás de una esencia propia, y pura,
    Que limpia, se retroalimenta
    Y se cambia de compresa, no de esencia,
    en las gestas, en las fiestas,
    cuando gusta, como geisha,
    Más allá de periódicos, de rumbas y de reglas.
    Y mientras... escribes tú:
    De cábalas, entre líneas,
    en el negro, en bambalinas,
    De artificios esenciales,
    Aún siendo el minimalismo
    La más honrada de las modas,
    Y vuelve a descentrarte,
    Del polo más excéntico,
    Mentando y comentando:
    Lo Barroco, la Bohemia,
    Los Cristos, las críticas,
    El obscurantismo,
    ¡con B: porque me gusta!.
    ¡Y Exprésese quien pueda!
    Quien se permita hablar de frente
    De frentes,
    En los medios, intermedios,
    A intervalos, con tribuna,
    Vestida o desnuda,
    ¡como elija, como pueda!
    ¡Como ángel, como puta!
    En ciernes o en cenizas, decidida,
    tendiendo al per s(é) o al s(é)ecula,
    Desde un aura resiliente,
    Donde reboten los prejuicios,
    los devuelva, disidentes,
    a sus mentes primigenias, paleolíticas,
    y les desvistan, les despierten,
    y comiencen también ellos a nutrir
    a su crisálida,
    a dejar de comerse tan caníbalmente sus templos,
    sus cuerpos,
    y se transmuten en insectos voladores o en quimeras,
    fluorescentes, de colores,
    liberados de sí mismos, y lideren,
    se lideren como líderes y lideresas propios
    de sus propios secretos,
    esas sombras que se alumbran,
    a medida que dan lumbre al mundo,
    a su sempiterno vuelo, o planteamiento,
    o plan energético, genérico y eólico,
    por lo ecológico,
    sin retorno.
    Saliste.
    Salidas.
    Haberlas haylas.
    Muchas.
    Como meigas escondidas y retahílas.
    Puedes encontrarlas...
    en el Cosmos.

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  3. ¡Gracias de nuevo, Andrés!
    Hermoso el micro de la semana pasada. La aparición sorpresiva de entre el público de la poeta Atenea, recitando al paso de los acordes de Sergio, fue para mí uno de los momentos especiales. Que sigan experimentando y sorprendiendo al personal, bravo por ellos.
    Qué hermosos acordes se saca siempre de la manga el artesano Camilo. Temática muy de mi gusto su poema.
    Beatriz, muy inspirada tu cascada brutal de palabras, brisa fresca, original, tremendamente inspirada. Hacen falta poemas como éste.

    «Quien se permita hablar de frente
    De frentes,
    En los medios, intermedios,
    A intervalos, con tribuna,
    Vestida o desnuda,
    ¡como elija, como pueda!
    ¡Como ángel, como puta!»

    Un abrazo a todos.

    PÁNICO

    —¡¿Qué cojones le pasará al ascensor?!
    Pulso el botón una y otra vez y sigue en el puto primer piso.
    Me giro
    y al fondo del pasillo la puerta de la habitación 316
    se va haciendo más y más pequeña,
    alejándose y estirándose el corredor como si fuera un chicle,
    achicando el poco espacio que me queda.
    Alguien grita mi nombre, pero ya es tarde.

    ¡Ding, Dong!
    —¡Ya!
    Entro en el ascensor como si se tratase de una ancha avenida junto al río
    y pudiera correr libre por su verde alameda;
    correr
    con toda mi alma y dejar atrás esta agonía.
    Si la mente se empeña en joderte, te jode.

    Coincido con una pareja joven
    que interrumpe la conversación que animosamente mantenían
    justamente antes de la presencia abrupta
    de un tipo sudoroso que les sonríe patéticamente
    y los observa con la mirada atravesada,
    mientras que a golpe de espasmo
    procura tragar la saliva que no le queda.
    Tiemblan sus labios salinos más que el siniestro fluorescente que los cubre.
    —No soporto el perfume a soledad de la moqueta de los hoteles —les balbuceo.
    Se posicionan manteniendo
    la máxima distancia con respecto al loco jadeante.
    El chico escruta mi rostro
    tieso como una pantera,
    ella
    no se atreve a mirarme.
    Entonces, se abre la puerta, y a empujones,
    cruzo la recepción
    (tranquilo, tranquilo, tranquilo)
    y salgo.

    Me recibe una cascada de pañuelos cromáticos
    bajo la niebla incandescente de las farolas.
    La calle está viscosa de gente,
    maldita calle que no conozco, ¡maldita gente!
    Y el denso calor arroja madera y azúcar
    a la estufa seca que muerde mi pecho.

    Cuántas terrazas para tan poca calle
    en esta infame gelatina
    de fachadas, tacones, platos, gritos,
    balcones, toldos, globos, mesas, sillas,
    confuso caudal humano de niños, padres y viejos,
    ...y yo tan solo frente al abismo de mi propio demonio.
    —¡Dónde está la puta plaza!, por favor, ¡la plaza!
    Y entregado al hilo postrero del aire atrapado en el émbolo de mi nuez
    la plaza llega a mí,
    pero no en forma de un inmenso espacio de estrellas oxigenadas
    sino como un promontorio de oscuras fachadas desplomadas
    que se precipitan inexorablemente
    sobre la taquicardia de mi asfixia.

    Descontrol absoluto.

    Cuando la mente se asoma a sus grietas
    el vértigo puede llegar a ser insoportable.

    Me acurruco en una esquina abrazando fuertemente mis rodillas.
    No consigo expulsar el nudo que encarcela mi aliento.
    Aflora, entonces, un réquiem en lo arcano de mis entrañas:
    en sus cárcavas enfermas flota la armónica de Neil Young
    tocando aquella triste melodía de cuando era niño.
    Alguien grita mi nombre, pero

    ya es​

    demasiado



    tarde.​



    Kalkbadan
    Madrid, 21 de septiembre de 2014

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